|
Monasterio de
los Jerónimos:
Cogiendo el tranvía número 15 en la plaza del Comercio, se
llega hasta Belem, también a la orilla del Tajo. Aquí se
puede visitar el Monasterio de los Jerónimos (en la foto),
el monumento a los descubrimientos, y la famosa torre de
Belem.
Desde 1983 este
monasterio y la Torre de Belem son Patrimonio de la
Humanidad, en su día construidos para dar servicio a los
barcos que llegaban a atracar a la playa cercana. El estilo
es el llamado "manuelino", por el rey Dom Manuel, y
caracterizado por ser una fase del gótico tardío, decorado
con motivos marineros y orientales.

Claustro del
monasterio de los Jerónimos:
Quizás lo más atractivo del monasterio es el claustro,
aunque para gustos están los colores, pero personalmente es
lo que más me gustó de este lugar, muy decorado con el
estilo manuelino, pero sin resultar recargado. La única pega
es que estaba repleto de gente y era un poco incómodo, pero
aún así la visita es obligatoria.

Monumento a
los Descubrimientos:
Justo
en frente del Monasterio de los Jerónimos, cruzando la
carretera y un jardín muy cuidado, se llega a orillas del
estuario del Tajo, donde se encuentra esta construcción con
aspecto de una nave que se adentra en el río, y con un
mirador en lo alto:
En lo alto de la
proa aparece el príncipe Enrique el Navegante portando una
pequeña carabela en sus manos, y tras el otros 21 personajes
históricos relacionados con los descubrimientos. Lo más
atractivo del lugar son las excelentes vistas sobre el
estuario y el enorme puente 25 de abril al fondo.

Torre de
Belem:
A
menos de 1 km del monumento a los descubrimientos, se puede
ir dando un paseo hasta la torre, originalmente llamada
"Castelo de San Vicente". Es un pequeño fortín construido
dentro del Tajo entre 1515 y 1519 para proteger el puerto de
Restelo. Formaba parte de la línea de fortificaciones que
ordenó construir Manuel I para defender la costa portuguesa
desde Cascais hasta Lisboa.
Para visitarla
tuvimos que soportar una larga cola. Mereció la pena por las
vistas, pero la construcción es muy sencilla comparada con
el Monasterio de los Jerónimos. Pero solo por las vistas si
que merece la pena. Se accede por una escalera de piedra en
forma de caracol bastante pequeña, así que no es muy
recomendable si no te gustan los lugares cerrados...

Parque
Eduardo VII:
Es un
magnífico recinto, uno de los más bellos conjuntos
ajardinados de Lisboa, creado para recordar la visita del
rey inglés Eduardo VII a Portugal en 1903.
Dar un paseo por
este lugar tranquilo merece la pena, ya que además permite
hacerse una idea sobre la situación de la ciudad de Lisboa,
ya que al encontrarse en un lugar alto se puede divisar al
fondo el Tajo. Además cuenta con un vivero de plantas de
todas las zonas del mundo llamado estufa fría, y que no
pudimos visitar por estar cerrado (cierran muy pronto)

Barrio Alto:
Uno
de los barrios más tradicionales de Lisboa junto con Alfama,
aunque explotado turísticamente, repleto de restaurantes
donde cenar escuchando fado, aunque a precios altos.
Los bares en
cambio son más asequibles y variados, desde lo más moderno
hasta los inspirados en otros paises, como Brasil o
Argentina, lo que más destaca de este barrio es la típica
estampa de calles estrechas y con grandes pendientes o
escaleras. La vida nocturna es muy animada, y aunque en
algunas guías y recomendaciones lo consideran peligroso,
nosotros no tuvimos ningún percance. Hay camellos que te
ofrecen droga, pero no resultan pesados.
 |